Julio 19, 2025
Ministerio para la Transición Ecológica y el …, Secretaría General para el …, Comisionado del Gobierno frente al …, Comisión Delegada del Gobierno para el …, Conferencia Sectorial de…, Comisión de Despoblación de …; son organismos a nivel nacional que incorporan en su denominación Reto Demográfico. A esto hay que añadir Consejerías, Direcciones Generales, etc., en las diferentes comunidades autónomas. Desde enero de 2017 este concepto se ha incorporado a multitud de organismos, pero ocho años después podemos afirmar que el reto demográfico no se ha superado.
Algunos de estos organismos también incorporan el término Despoblación, pero entre sus objetivos parece que no se incluye a las zonas rurales. Es cierto que el reto demográfico tiene que tener en cuenta diversas variables como pueden ser la natalidad, envejecimiento de la población o movimientos migratorios. En ninguno de ellos se ha conseguido superar el reto ni parece que estemos en camino de conseguirlo.
La tasa bruta de natalidad (indicador que refleja el número de nacimientos vivos por cada 1.000 habitantes en un año determinado) entre 2017 y 2023 (último dato oficial publicado en el INE) ha disminuido en todas las provincias españolas, Ceuta y Melilla. En este año la media española es 6,33 muy por debajo de la europea. La mitad de las provincias se encuentran por debajo de este valor y han sufrido una variación negativa media de un 16,57%. La distribución de provincias con mayor disminución o menor tasa está muy repartida, no puede establecerse un patrón. Es un claro ejemplo de problema a nivel nacional que, lejos de superarlo, se está agravando. En esta variable el reto no se ha superado.
En cuanto al índice de envejecimiento de la población (número de personas mayores de 65 años por cada 100 menores de 15) tenemos un incremento por provincias entre 2017 y 2024 muy similar en todas ellas, pero en números absolutos, 8 provincias están por encima de 200 cuando la media nacional es 154. Este es también un problema generalizado, pero, como veremos más adelante, no en todos los sitios es igual. Este problema, relacionado con el anterior, nos deja claramente un reto demográfico no superado.

Los movimientos migratorios son tan antiguos como la vida misma, aunque ahora no lo parezca. Para no remontarnos a la prehistoria, sólo hay que mencionar los del siglo XIX a América o los del XX hacia Europa, siempre en busca de mejores oportunidades. En este sentido hay que distinguir entre emigración (los que se van) e inmigración (los que llegan). Entre los primeros tenemos el vaciado de los pueblos hacia las ciudades décadas atrás y la salida constante de residentes en ciudades medianas y pequeñas hacia las grandes en la actualidad. Entre los segundos, la llegada a grandes ciudades desde otras provincias y aquellos que lo hacen desde otros países en busca de trabajo sin los cuales muchas actividades (hostelería, agricultura, construcción, cuidado de mayores, etc.) no podrían realizarse. La impresión es que sólo preocupa este último caso y, en todo caso, para usarlo políticamente. Este reto ni está superado ni hay intención de hacerlo.
Todos estos aspectos de la demografía podemos considerarlos de carácter general, es decir, afectan a la mayor parte de la población española. Sin embargo, hay otro aspecto que no afecta por igual y que preocupa especialmente dentro de la Asociación para el Desarrollo de la Serranía Celtibérica, el desequilibrio territorial entre el mundo rural y las grandes ciudades. La España abandonada.
La despoblación en España es un problema de Estado por varias razones que podemos resumir en dos: afecta a más de la mitad del territorio y es producto de las políticas llevadas a cabo en otras épocas.
Por un lado, tenemos extensas áreas, principalmente en el interior, que son auténticos desiertos demográficos, considerados así los que tienen menos de 10 hab/Km². Esta parte de España que ocupa aproximadamente un 55% del territorio, está habitado por el 5% de la población. Mientras la mayoría de los españoles habitan en un pequeño número de grandes ciudades y sus zonas aledañas, unos pocos ocupan anchos espacios sin atascos, filas, elevados precios ni contaminación.
El problema de las despoblación en las áreas rurales tiene su origen en las políticas llevadas a cabo hace varias décadas en las que se potenciaban los polos de desarrollo frente a la vida en el campo; el progreso del mundo urbano frente al inculto y paleto mundo rural; la eliminación de escuelas por concentración; la falta de inversiones y tantas otras que han llevado a que la sociedad tenga un concepto del mundo rural que se resume en que no hay forma de llevar una vida digna y en ningún caso comparable a la ciudad. Aunque esto ha cambiado, se sigue destruyendo agricultura y ganadería; se abandonan los montes y ríos a pesar de que de ellos se vive en las ciudades; se eliminan líneas y paradas de transporte público; están desapareciendo las farmacias de los pueblos; todas las inversiones se realizan en las ciudades; y podríamos seguir y seguir.
El desequilibrio territorial tan acuciante en este país, no se produce en el resto de Europa donde el reparto de población es más uniforme. Está claro que las políticas que han llevado a cabo han sido diferentes a las nuestras. El reto demográfico rural no ha sido superado.
Hasta ahora hemos hablado de provincias, pero para poder acometer el reto demográfico con posibilidad de éxito hay que descender un peldaño. Si lo hacemos, observaremos cómo el corredor del Henares no tiene nada que ver con el resto de la provincia de Guadalajara; cómo el valle del Ebro en La Rioja no se parece en nada a la zona de sierra o cómo los datos de la costa de Valencia o Castellón distan mucho de los pueblos de las estribaciones del sistema Ibérico. Las medidas o soluciones que se intenten implantar tienen que estar dirigidas a los sitios que presenten problemáticas concretas. El municipio con menos habitantes de Burgos, Soria, La Rioja, Teruel o Guadalajara, entre otras, tiene menos de 10 personas censadas, probablemente la mitad de hecho. En muchas otras provincias los municipios más pequeños tienen más de 100 habitantes. Muchas veces se toma el dato de 5.000 habitantes para señalar a los pueblos que necesitan ayudas, pero en algunas provincias casi ninguno tiene más.
Desde la Asociación para el Desarrollo de la Serranía Celtibérica venimos pidiendo desde hace años que se apliquen otras políticas. Que se tenga en cuenta si una actividad en un pueblo pequeño es un negocio o una ayuda social. Que se atienda a las soluciones y criterios que establece la Unión Europea para zonas escasamente pobladas. Que se tienda a la agrupación no administrativa de municipios para optimización de servicios y discriminación positiva. Para poder revertir el proceso que se viene desarrollando en el mundo rural, necesitamos proyectos integradores, no excluyentes, que no dejen fuera a nadie. Proyectos solidarios que promuevan la colaboración entre situaciones parecidas. Sobre todo, proyectos viables capaces de implementar medidas eficaces que generen empleo y doten de servicios a los municipios para lograr que la vida en los pueblos se parezca a la de las ciudades en aquellos aspectos que las hacen buenas para vivir. Las personas que quieran vivir en un pueblo tienen que poder hacerlo y las administraciones tienen que facilitar y compensar con rebajas de impuestos esa falta de infraestructuras que durante décadas se han llevado a cabo en las ciudades. No podemos limitarnos a difundir proyectos que han tenido éxito en un lugar concreto, casi siempre por iniciativa y a costa del esfuerzo de algunos entusiastas.
El reto demográfico rural no está superado ni está en vías de poder superarlo si se siguen utilizando los mismos argumentos. Si quieres que algo cambie, haz algo distinto.
¿No es hora ya de ir por otro camino?
Redacción ADSC

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