Julio, 2025
Santy San Esteban
Revista El Pirino - Villanueva de Cameros
• "Más allá de un lugar y una fecha de nacimiento, de la memoria de nuestros padres, abuelos y bisabuelos, de sentimientos y tradiciones heredados de forma inconsciente, en un momento u otro podemos experimentar la tentación de iniciar un viaje al pasado más remoto para tratar de reubicarnos mejor en el presente"
• "Hoy es imperativo redescubrirnos con nuestros antepasados y rendir culto a su memoria. Reconocernos en una identidad común y proyectarnos unidos en el tiempo presente. En la salvaguarda y el cultivo de todos los valores que nos han ido acompañando a lo largo de la historia. Por un futuro esperanzador."
En uno u otro momento de nuestras vidas, aún rodeados del ruido constante, terminamos buscando un pequeño espacio para, a partir de nuestro nombre y apellidos, encadenar una serie de acontecimientos que nos ubiquen en lo que trasciende la propia existencia y nuestra relación con los demás en el sentido de lo común, es decir, en el sentido de "Comunidad", con mayúscula. Más allá de un lugar y una fecha de nacimiento, de la memoria de nuestros padres, abuelos y bisabuelos, de sentimientos y tradiciones heredados de forma inconsciente, en un momento u otro podemos experimentar la tentación de iniciar un viaje al pasado más remoto para tratar de reubicarnos mejor en el presente.
Según se deduce en leyendas de historiadores y geógrafos griegos y romanos, de autores e investigadores contemporáneos y no tanto, en torno al XII A. C. se fueron registrando sucesivas avenidas de pueblos centroeuropeos que asimilaban o desplazaban a los pobladores peninsulares del Bronce Final y de la Alta Edad del Hierro. Atravesando los Pirineos se distribuían hacía el Mediterráneo o hacia la Meseta.
Se aventura que la tribu protocéltica de los pelendones ya estaba aquí en el siglo VII A.C. y que, en torno a tres siglos después, berones, junto a arévacos, belos, titos y lusones, emparentados culturalmente, desplazaron a los primeros hacia las serranías, aportando su mayor grado de civilización, su desarrollo agrícola y formando después con aquellos la quintaesencia de la cultura celtibérica, sublimación del contacto cultural entre celtas e íberos.
Esta nueva esencia cultural se expandió florecientemente hacia el sur, hacia el norte, al noroeste y suroeste peninsular afianzándose, prácticamente en el corazón del territorio, una pujante civilización próspera y solvente. Siglos después, tanto romanos, como visigodos, como islámicos, aún reconocían entre sus unidades administrativas esta singularidad poblacional, que fue perdiendo su homogeneidad territorial diluida más tarde entre distintos reinos, taifas, señoríos, realengos o abadengos. Celtiberia ya era historia, desde la prehistoria.
Pueblos como los olcades, lobetanos, turboletas, incluso vascones y vacceos, participaron del contacto con esta realidad. En el curioso caso de lo que luego se acabaría convirtiendo en la comunidad autónoma de La Rioja, los berones eran mencionados como ajenos a la realidad celtibérica. Sin embargo, los análisis actuales los reconocen en esta misma órbita, quizás más en contacto con la agricultura y la vecindad vascona más allá de la línea del Ebro. En la serranía camerana, y a diferencia de la vertiente soriana en la que se registran abundantes vestigios celtibéricos, la presencia de estos no se ha evidenciado tanto, con estudios parciales en el “Castejoncillo”, en Montemediano, e indicios en Lumbreras, Almarza o el pantano González Lacasa. En Villanueva de Cameros el arado levantó en los años 60 una necrópolis celtibérica registrándose huesos, monedas, un hacha de hierro mellada en rito funerario, y se intuyen otros indicios en La Marta y entre la ermita de Ollano y Río Cepos.

En la trayectoria de esta comunidad, la "endogamia social" se fue manteniendo en razón de vecindad, de tradiciones y costumbres, de comercio e intercambio, de "téseras de hospitalidad" y de una endogamia propiamente dicha, aportando en su conjunto al estado moderno, como la que más, sus recursos naturales, la madera, la lana, el ganado, el cereal, la vid, campos y dehesas, cañadas y rutas de transporte...y recursos morales, como una reestructuración judeo-cristiana que sustentaba las relaciones entre las coronas y los fundamentos de un Imperio español donde no se pondría el sol.
De forma paralela a la decadencia nacional, y divididos como otras comunidades en comarcas, provincias o regiones, desangrada por guerras internacionales y civiles, por las desamortizaciones y liberalizaciones burguesas que rompían una trayectoria económica comunal, en el s. XXI descubrimos a Celtiberia en un páramo en el que nada de su pasado parece digno de valorar ante una industrialización arbitraria e incompleta, nacionalismos periféricos y distintos gobiernos que han ignorado su realidad existencial.
Personas, colectivos, asociaciones, tratan de llamar la atención sobre esta incoherencia histórica tan flagrante: de ser una comunidad innovadora, integradora, autosuficiente, generosa y solidaria, pasa a ser la interregión más abandonada de Europa. La de la “emigración forzosa”, la del envejecimiento exponencial de la población, la de negro en el mapa luminoso peninsular, mientras las multinacionales energéticas se rifan su territorio entre las tumbas de sus antiguos pobladores y los gobiernos centrales solo aspiran a convertir en "resorts" turísticos sus pueblos abandonados.
Englobando este ámbito social y territorial bajo la denominación Serranía Celtibérica, con base en el mal llamado Sistema Ibérico, se crea una asociación para el desarrollo que trata de llevar a las más altas instancias administrativas esta realidad. Además de ofrecer datos y actualizaciones, insta a una actuación coordinada y urgente de distintos agentes en el rescate, la repoblación y el retorno, la puesta al día en infraestructuras, comunicaciones, servicios, formación y emprendimiento en este extenso espacio, a través de inversiones y de estímulos fiscales. Propone una alianza de todos los agentes sociales y culturales (Red de Asociaciones Celtibéricas) en la toma de conciencia sobre la situación real y en el aporte del empuje necesario en actuaciones conjuntas. Propone el empleo de un distintivo gráfico de origen (Celtiberia Origen) para la promoción y “puesta en valor” de todos los aspectos productivos que aún se dan en este marco. La Asociación para el Desarrollo de la Serranía Celtibérica insta, en definitiva, a la conservación del patrimonio natural y cultural, de la memoria colectiva, y llama al esfuerzo de cada uno de los pobladores y representantes políticos para recuperar una dinámica de prosperidad y de progreso como un día se tuvo.

Hoy es imperativo redescubrirnos con nuestros antepasados y rendir culto a su memoria. Reconocernos en una identidad común y proyectarnos unidos en el tiempo presente. En la salvaguarda y el cultivo de todos los valores que nos han ido acompañando a lo largo de la historia. Por un futuro esperanzador.
¡Celtiberia vive!
Santy San Esteban